viernes, noviembre 24, 2006

Beso.

Quiero un beso. Uno largo. Uno que me duerma la cara y las puntas de los dedos. Que me acelere el corazón, que me ponga tan caliente por dentro que la menor brisa fria duela en la piel. Uno lleno de mordizcos, impredecible, profundo y cadencioso; unos labios carnosos, unas manos inquietas y un cuerpo que quiera ser tocado. Quiero un beso que no se escape entre las manos como arena, que deje huella en el alma y en la piel, un beso cómplice. Quiero un beso inevitable, inaguantable, un beso en el que la razón muera a manos de las ganas. Quiero un beso. Uno largo.

Como extraño ese tipo de besos.


Presente.

¿Y si muriera mañana - me pregunte una noche -, moriría feliz por haber disfrutado el día de hoy?. Y la respuesta fue no.

Seguí haciéndome la pregunta por semanas y con horror descubrí que la respuesta era un no constante, melancólico y resignado. Y acepté que había un problema.

Dado mi presente, no puedo decir que no tenga un futuro promisorio. Es dificil imaginar que mi vida en 7 años no será una vida impecable, mi actual novia/futura esposa y yo en un hermoso apartamento, con un gran televisor, un lindo carro, y luego bebés, bebés bonitos, inteligentes, talentosos, a los que les va bien en el colegio; la familia de poster de coca-cola, mi papá fuma pipa, mi mamá me mima, mi mamá me ama, me mamé de mi mamá.

¿Pero saben que? No estoy seguro de que quiera eso.

O no me importa. ¿De que vale la esperanza de un futuro perfecto (entre comillas), cuando el presente no te hace feliz?. El futuro lo llevas en la cabeza, pero el presente lo tienes en las manos. Y el hambre se quita comiendo, no soñando con los mas magníficos manjares.

Hace unas semanas hice una locura, una tontería realmente, pero algo que no habría hecho hace un par de años. Y ese día al acostarme me hice la misma pregunta, y la respuesta fue si. De haber muerto, habría muerto feliz. Porque por un puto día en la vida, hice lo que me dio la gana hacer, y eso me hizo feliz.

No puedo evitar sonar como existencialista barato, pero ¿y si me atropellase un maria modelo y me muriera de un tétano (el golpe es lo que menos me preocupa), a dónde culo se iría la esperanza del futuro de poster de los 50s?

A la mierda.

Ahora estoy buscando responder que si todas las noches y eso me hace sentir vivo. Es posible que esté cometiendo errores, si. Pero alguien me dijo que uno se arrepiente mas por lo que deja de hacer, que por lo que hace mal. Y si voy a cagarla, al menos me quedará la satisfacción de haberla cagado porque me hacía sentir feliz.

Y me pondré un botón con un smile que diga "me hace feliz cagarla" y me tiraré de un puente. Todo siempre y cuando muera sin arrepentirme de lo que dejé de hacer.





sábado, noviembre 18, 2006

Antojos y deseos.

Son tan diferentes los antojos y los deseos...

Una cosa es querer algo, y otra desearlo. Uno sabe por que quiere las cosas que quiere, porque se quiere con la cabeza, porque para querer se piensa primero. Quiero tal cosa porque me causa curiosidad, porque tenerlo me hará sentir bien, porque se ve bien, etc. Cuando se quiere algo siempre hay razones, aun cuando la razon es porque sí.

El deseo no sabe de razones. El deseo es animal, es crudo, se desea desde las partes mas primitivas del cuerpo. Puede que haya razones, pero las razones no importan. Lo único que importa es tener lo que se desea. El deseo, mas que dificil de controlar, puede terminar por controlarte. Y en serio que es divertido dejarse llevar por el deseo. Caer en tentaciones. Dejar de aguantar. Caer. Morir. Caer.

Confieso que empecé queriendo. Curiosidad. Te encuentras un postre solo en la mitad de una mesa que no se parece a nada que hayas visto, pero que tiene características de los postres que mas te gustan, y vas a querer comértelo. Mas si el postre tiene una etiqueta que dice "no tocar. propiedad privada".

Empecé queriendo. Luego fueron un par de cucharadas, el sabor dulce pero no empalagoso, la medida perfecta, el olor a canela y a noches de lluvia, la música de palabras que se dicen con los ojos, y de un momento a otro me descubrí deseando. Y es diferente querer a desear. Tan diferente. Una cosa es que te carcoma la curiosidad, y otra que te carcoman las ganas. La curiosidad mata gatos, pero las ganas, esas son capaces de matar lo que sea.

Hasta el sentido común.

martes, noviembre 14, 2006

Rosa Blanca.


Acababa de terminar su almuerzo cuando el teléfono le gritó al oído. Era ella y lo sabía desde antes de contestar; era ella para decirle lo que tantas veces le había dicho los martes en la tarde, y que no se cansaba de escuchar. "La casa está sola", dijo la voz en el teléfono, "¿qué pasa que no estás aquí conmigo?".

En el bus camino a verla el corazón le latía tan fuerte que podía sentirlo en la cabeza y entre sus piernas. La fantaseaba en su uniforme de colegiala, viéndose como una niña, actuando como una puta, solo para él. Le encantaban sus ojos, sus labios carnosos, sus senos, su cabello enmarañado y el olor de su cuello, pero le gustaba aun mas que fuera tan ambigua, tan impredecible, tan violenta y tan tierna, tan romántica y tan apasionada al mismo tiempo. Y fue suficiente de fantasías. No quería que su deseo fuera notorio a la hora de levantarse.

Lo recibió desarreglada, con el uniforme a medio soltar, y con un beso violento que no pudo sino contrarrestar con otro mas fuerte. El corazón se le aceleraba, y podía sentir como la respiración de ella se hacía una especie de jadeo repetitivo, cosa que lo exitaba aun mas. "Tengo un regalo para tí", dijo ella, y le guió la mano hasta debajo de su falda. No llevaba ropa interior y estaba totalmente húmeda. Ella sabía como volverlo loco. Ese tipo de detalles habría enloquecido a cualquiera.

La tiró a la cama y metió la cabeza bajo su falda porque no pudo aguantar el deseo de recorrer con la lengua aquello que a su tacto se había sentido tan agradable. No era la primera vez que lo hacía, pero aquella, como todas las anteriores ocasiones, se enloqueció al escucharla gemir y al sentirla temblar a causa del placer. Al cabo de un rato le dijo "detente", y una sonrisa en sus labios le reveló que había sido suficiente. Era el turno de ella.

Ella tenía la boca perfecta, y seguro sabía como utilizarla. Cada que ella le devolvía los favores orales recibidos, él no podía evitar pensar que era un hombre afortunado. Ella gemía mientras lo hacía, y lo hacía gemir a él. En esas estaban cuando sin darse cuenta, la poca ropa que a ambos les quedaba voló por los aires, y se vieron de repente uno frente al otro.

Bastó con que se mirasen a los ojos para saber lo que querían y que lo querían en ese preciso instante. Sí, es cierto que no era la noche romántica en la que sus cuerpos desnudos eran iluminados por velas, escuchaban Serrat, y podían escuchar el golpeteo de la lluvia en las ventanas; pero era un momento solo para los dos y en el que nada mas importaba. Se amaban y lo sabían, se deseaban y lo sentían, ¿y de que habría valido esperar mas?. 16 años ella. 19 años él. Y ninguno sabía lo que hacía. Pero querían. Dios sabe que querían.

La torpeza de su combinada inexperiencia aumentó el deseo y los hizo reir como idiotas. "¿Dónde?", "mas abajo", "¿aquí?", "creo", "¿te duele?", "si", "¿dónde estoy?", "no se". Probablemente fueron un par de minutos, pero se sintieron como horas. En últimas y después de muchos intentos frustrados, decidieron probar otra pocisión, ella encima, el abajo.

Fue mucho mas fácil así, bastaron unos cuantos segundos y un par de instrucciones para que un gemido seco y un angelical "¡hijueputa!" de ella, le revelaran que algo le había dolido, que ya no estaba mas afuera, y que debían manejar las cosas con mas cuidado. Se miraron a los ojos con cara de "esto es, no hay vuelta atrás, llevamos mas de un año queriendo esto, y lo haremos juntos". Y con la paciencia de un martir, con una calma milenaria, ella fue dejándose caer al abismo, y el tranquilizándola con caricias, con miradas de complicidad, y con "te amos".

No fue sino entrar completamente y escucharla dejar escapar un grito mezcla de dolor y placer para que pensara que todos los que decían que la primera vez era aburrida debían haber estado drogados. La mujer que amaba estaba desnuda sobre él, adolorida y excitada, y el estaba al mismo tiempo debajo y dentro, en el lugar que en ese momento no podía sino parecerle el sitio mas agradable de la tierra. Se miraron a los ojos, compartieron una mirada tan romántica como lujuriosa, se dijeron te amo, se dieron un beso, y empezaron a moverse. Lenta, lenta, muy lentamente.

Le dolía y se le notaba. No pasaron mas de dos minutos antes de que le dijera que no podía mas, que era dificil para ella. "Detente, dejemos así, dejemos hasta aquí. Lo que tenemos son oportunidades", le dijo él, y ella se retiró, soltando un suspiro de alivio. Había sangrado. Al darse cuenta lo miró apenada y le pidió disculpas. El se levantó, la abrazó, le besó la frente y le susurró al oído que la amaba. Y fue suficiente.

Aprovecharon muchos otros martes. Y luego fines de semana, y muchos jueves, y a veces hasta lunes, aun con gente en la casa. Se descararon, aprovecharon, disfrutaron, y compartieron cientos de orgasmos. Por azares del destino, del deseo y del amor, un día de agosto se dieron un ultimo beso, y se separaron para nunca mas verse.

Hoy él la recuerda con nostalgia. "El primer amor no se olvida", dicen, y la primera vez tampoco.

Y se pregunta si en algun lado, todos los 11 de septiembre ella ve los videos aburridos en los que dos aviones tumbaron unas torres en alguna parte del mundo, y recuerda que ese mismo día, mientras muchos repudiaban actos de odio, dos enamorados celebraban el amor.

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lunes, noviembre 13, 2006

"...por los deseos cumplidos"

Verdad que he brindado por una enorme cantidad de cosas en la vida, que he pasado horas pensando en las palabras correctas a la hora de ser yo quién propone el brindis, que he visto cientos de películas en las que alguien propone un brindis e improvisa algo lleno de sabiduría que deja a todos pensando...

Pero he aquí que jamás hubiese imaginado que bastarían cuatro palabras para el brindis perfecto, uno de esos momentos a los que uno no les cambiaría un pelo, una mezcla perfecta de confusión, sorpresa, satisfacción y gracia. "...por los deseos cumplidos", dijo, y me robó una sonrisa que me duró en la cara el resto de la noche y que todavía llevo en el alma.

Y así sea amiga, por los deseos cumplidos, por todos ellos y por los que vengan, por todos los tuyos, todos los míos y aquellos que compartamos, y sea que la Providencia nos los cumpla todos. *clink*. Y a los ojos, a los ojos, que son siete años de mal sexo.

Gracias otra vez por un día genial, gracias por cumplirme mi deseo, y gracias por un instante perfecto. Escasean ellos, pero ten por seguro que de alguna forma te devuelvo el favor.

Ojalá y todas las amistades hicieran tanto bien como la tuya.

viernes, noviembre 10, 2006

Sin título (1)

No se por qué,
Pero desde esta mañana
me abruma
la terribe y adictiva sensación
de un deseo
correspondido.