Pienso en ti a veces, de a ratos, pienso en ti de vez en cuando.
Pienso en tí en momentos aleatorios desperdigados en mís días mas solitarios, en momentos en los que hasta el silencio calla y puede escucharse el palpitar del corazón de tu ángel de la guarda, en momentos en los que duerme el día y la luna escapa de su jaula para inspirar versos cursis en poetas malos, y en los que la noche envuelve con sus cómplices brazos los desnudos cuerpos de aquellos enamorados que luchan como colosos.
Pienso en tí muy poco, la verdad, pues solo te pienso cuando lloran las nubes oscuras y el ambiente huele a ozono, o cuando un alma deja su cuerpo mortal para hacerse una con el mundo de los sueños, o cuando un alma llora por primera vez al mirar de reojo el mundo en el que ha caído, y se da cuenta de que su nuevo cuerpo, frágil y minúsculo, esta recubierto de sangre.
En tí solo pienso en los momentos en los que la vida duele, o cuando por la mañana mientras me cepillo los dientes miro mis ojos en el reflejo del espejo y me pregunto por qué y para qué vivo, o que será de mi cuerpo el día en que me muera.
Pero a veces también se me da por pensar en tí cuando parece que hubiera despertado a un sueño y encuentro belleza en todas partes, desde la forma como mi mamá se enfurece cuando la despierto, hasta en un cielo azul sin nubes, poseedor de la mas hermosa de las simplezas. A veces también se me da por pensar en tí en mis momentos oscuros, esos en los que la sangre parece hacerse mas roja, y empiezo por hacerme imágenes de tu cuerpo desnudo en mi cabeza y termino por hacer con esa imagen todo lo que se me ocurre, como se me ocurre, y cuantas veces se me ocurre, para luego darme cuenta de que mi imaginación es mas productiva de lo que parece cuando se trata de ti, sumado a ti sin ropa, sumado a que tus piernas cada día me parecen mas bonitas, sumado a que es solo una imagen y puedo hacerle lo que me de la gana.
Pero a pesar de todo, también se me da por recordarte en momentos tiernos, ese tipo de momentos en los que la imagen perfecta de dios es un bebé cachetón iluminado por los rayos de sol de un amanecer rosado, y en los que me pregunto por mi pequeña, y por su día, y si estará feliz, y si habrá escrito otro de esos poemas que salen del alma, y por sus preciosos ojitos negros, y por sus piernas que cada dia son mas bonitas (¿y qué puedo hacer?... hay rojo hasta en los mas rosa de los amaneceres).
Y si. Creo que solo eso es lo que pienso en tí. No es mucho, la verdad... pero, ¿perdonas la falta de atención que te tengo si te digo que te adoro, si te digo que te quiero, si te digo que me encantas, que me encantan tus ojos y tu forma de ver la vida, y que me encanta también lo que has hecho con la mía?
A veces. Solo a veces te pienso. Solo a veces te amo. A veces cuando siempre. Nunca cuando nunca.