Sombras.
Me tomó mas de una hora conciliar el sueño.
Culpo a la noche, a la luna nueva (tan premonitoria), a sus ardides maquiavélicos y a mis ganas estúpidas de seguirle el juego, a mis ganas estúpidas de escuchar su voz decirme al oído lo que antes solo había visto escrito ahí, en ese lugar tan efímero que yace entre la duda y las ganas.
No hay peor cosa que escuhar lo que se quiere escuchar, en el momento en que lo quieres escuchar, de una voz como esa, de una voz que no venía del teléfono sino de la noche, y sentirla tan sincera, tan perturbadoramente sincera, y que te llegue como te llegó, y saber que no deberías, no debrías, no deberías, quieres pero no deberías.
Pero ella es arena movediza, entre mas luches por salirte mas te hundes, y entre mas te hundes mas te das cuenta que fuera hacía frío, que fuera estabas desprotegido, que fuera no era tan interesante como morir entre sus brazos, ahí donde acaba la complicidad y empieza el deseo, ahí donde todo es prohibido y por ello, irresistible.
Y entonces vino el sueño a mi y me sumergí con ella en el país de las sombras, y se apoderó de su rostro una sonrisa cómplice, y mas, mas y mas y mas me fue matando, mas y mas y mas me fui dejando caer...
Pensé que en estos días de vigilia se me escurriría el sueño como arena entre los dedos, pero inexplicablemente, sigo soñando despierto, al punto de confundir el sueño con la realidad.
Dime lo que me dijiste anoche, al oido, otra vez, antes de que volvamos a perdernos juntos en el país de las sombras.
Culpo a la noche, a la luna nueva (tan premonitoria), a sus ardides maquiavélicos y a mis ganas estúpidas de seguirle el juego, a mis ganas estúpidas de escuchar su voz decirme al oído lo que antes solo había visto escrito ahí, en ese lugar tan efímero que yace entre la duda y las ganas.
No hay peor cosa que escuhar lo que se quiere escuchar, en el momento en que lo quieres escuchar, de una voz como esa, de una voz que no venía del teléfono sino de la noche, y sentirla tan sincera, tan perturbadoramente sincera, y que te llegue como te llegó, y saber que no deberías, no debrías, no deberías, quieres pero no deberías.
Pero ella es arena movediza, entre mas luches por salirte mas te hundes, y entre mas te hundes mas te das cuenta que fuera hacía frío, que fuera estabas desprotegido, que fuera no era tan interesante como morir entre sus brazos, ahí donde acaba la complicidad y empieza el deseo, ahí donde todo es prohibido y por ello, irresistible.
Y entonces vino el sueño a mi y me sumergí con ella en el país de las sombras, y se apoderó de su rostro una sonrisa cómplice, y mas, mas y mas y mas me fue matando, mas y mas y mas me fui dejando caer...
Pensé que en estos días de vigilia se me escurriría el sueño como arena entre los dedos, pero inexplicablemente, sigo soñando despierto, al punto de confundir el sueño con la realidad.
Dime lo que me dijiste anoche, al oido, otra vez, antes de que volvamos a perdernos juntos en el país de las sombras.


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