martes, octubre 24, 2006

Pasión.

Hace tan solo unos años era romántico y enamoradizo; cursi y edulcorado, de los que decían que el amor lo era todo, y que una vida sin amor era un estado de coma del alma.

Culpen a los vuelcos inexplicables en el humor de la Providencia, o a un corazón roto. A la defragmentación de un castillo de cristal en miles de pequeños pedazos por culpa de una traición a la confianza. A la madurez. El amor, tan dulce, tan hermoso, tan intenso y abrumador, ahora me sabe a jarabe para la tos. Dulce, pero dificil de tragar, y tiende a dejar un mal sabor en la boca.

Mi corazón descansa, y mientras lo hace, mis instintos han tomado el control de mi cuerpo. Pasión. Es lo que gobierna lo que soy, es lo que hoy considero todo, una vida sin pasión es un estado de coma del alma. El amor es tan lindo como traicionero. El amor duele, y a veces aburre. La pasión es distinta. La pasión quema, destruye, es adictiva y peligrosa, pero te recompensa haciéndote sentir vivo, haciendo disfrutar cada minuto, sin importar el siguiente.

Enamorarse es pensar en alguien como la persona con la que quieres pasar el resto de tu futuro. Pasión es sentir que te tiemblan las piernas porque no aguantas las ganas de estar con ese alguien ahora mismo.

Pasión es cuando el deseo amordaza la razón, y la ropa se rasga porque el cuerpo no la aguanta ni un segundo mas encima.

Si las estrellas fugaces en verdad concedieran deseos, me buscaría la forma de sobornar alguna para que me dejara besarte durante una noche entera. Tu boca sabe a pasión, sabe a sueños olvidados, y aun por encima de todo, sabe a libertad. Wishful thinking. Las estrellas fugaces no conceden deseos.

Confieso que a veces qusiera dejarme caer. Después de todo, ahora mismo el amor me sabe a remedio, y pasión... una vida sin pasión es un estado de coma del alma.